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La Oración Teresiana

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LA ORACIÓN DE SENCILLEZ Y DE MIRADA

Mirar al buen Jesús. “No os pido más que le miréis… Él no os ha dejado de mirar aunque hayáis pecado. Mirad que no está aguardando otra cosa sino que le miremos; como le quisiereis le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar que no quedará por diligencia suya” (Camino 26,3). “Como la mujer ha de estar triste y alegre con el marido, así vosotros con el Esposo. (Ib). Si estáis alegre, miradle resucitado. Si estáis triste, miradle camino del huerto ¡qué aflicción tan grande llevaba en el alma, o miradle atado a la columna, perseguido de unos, escupido de otros, negado de sus amigos, sin nadie que vuelva por él, helado de frío, en tanta soledad, y el uno con el otro os podéis consolar… O miradle cargado con la cruz… Os mirará él con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas y olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque os vayáis con él a consolar y volváis la cabeza a mirarle (Camino 26,5). Habladle como amigo, esposo, padre, hermano. Unas veces de una manera, otras de otra. Es muy buen amigo Cristo”.
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HALLAZGO DE LA AMISTAD CON JESÚS.

Habla con Él de todo: lo divino y lo humano. Todo es materia de conversación, de oración. Es una amistad viva y comprometida. Contagia como por ósmosis, su trato. El trato con Jesús y el trato de ella con las personas. No es posible comprender todo el alcance y significado de la oración en Santa Teresa. Pero tenemos algunas pistas para comprobar que la oración explica toda la razón de ser de su existencia. Toda su vida espiritual, su nacimiento, su progreso sus retrocesos, su plenitud, van acordes con sus niveles de oración. Sus caídas, sus dudas, sus tiempos bajos coinciden con el abandono práctico de la oración. Cada cristiano experimenta que esto es así. En la oración Teresa se encuentra como el pez en el agua. Le sirve para todo: para tener paciencia en las enfermedades, y conformidad en las adversidades; en ella aprende el amor y el temor de Dios; encuentra fuerza para evitar los pecados y superarlos; la oración es la puerta de todas las mercedes; en sus fundaciones, es en la oración donde encuentra fuerza para superar resistencias y contratiempos, murmuraciones y críticas y malas interpretaciones y sabiduría para orientarse en las encrucijadas y carencias. Y de la oración cosecha los grandes frutos para la Iglesia.

Al tiempo de morir Teresa, en la huerta, al pie de la ventana de su celda, las ramas secas de un arbolito, que nunca llevó fruto, han reventado en una prodigiosa floración, cubriéndolo todo de armiño; ha repicado sencillamente a gloria con las campanillas blancas y sonrosadas de sus fragantes florecillas, que llenaron el aire de perfume ¡en octubre, y en la meseta castellana! Era un prodigio, realmente un prodigio, entre los muchos que acaecieron… Pero el arbolito cubierto de flores con sus corolas rientes y encendidas, tiene una connotación de doble signo: de la voz del Esposo de los Cantares: “Levántate, amada mía, ven a mí, porque ha pasado el invierno, y brotan flores en la vega y la viña en flor difunde perfume”; y de la primavera de gracia que, a su muerte, dejaba la madre en la Iglesia con sus hijas e hijos y sus libros: “Yo no conocí ni vi a la madre Teresa de Jesús mientras estuvo en la tierra; mas ahora que vive en el cielo, la conozco y la veo casi siempre en dos imágenes vivas que nos dejó de sí, que son sus hijas y sus libros” (Fray Luis de León).

Jesús Marti Ballester

Texto extraído de: http://www.caminando-con-jesus.org/oteresiana/

TERESA DE JESÚS-PERFIL BIOGRÁFICO

Aventurar la vida

avila55INTRODUCCIÓN

Teresa de Jesús es un don de Dios para la Iglesia y a la humanidad. Una mujer que supo hacer de Jesucristo el centro de su vida, y una mujer profundamente eclesial. Murió pronunciando estas palabras: “Al fin muero hija de la Iglesia”. Acercarnos a Teresa es saborear la esencia del más puro cristianismo, la finura de una mujer que se dejó seducir por Jesús, y se mantuvo adherida con la mirada fija en Él, hasta el final de su vida.

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