Mística Cristiana y Mística Carmelitana

“No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced” 4M 1,7

¿Qué es la experiencia mística cristiana?
Es un “saber” (aunque “como no-sabiendo”), desde la fe. Por así decirlo, “padeciendo” una iniciativa, una presencia, una acción.

¿Dónde hay que buscar y reflexionar cuando se habla de “mística”?
Podríamos decir que este término intenta señalar ese momento o nivel, o expresión de la experiencia religiosa en la que se vive un determinado mundo espiritual-religioso como experiencia de interioridad y de inmediatez.

Nosotros, pretenderemos vivir una experiencia de amistad (experiencia religiosa particular) de unidad-comunión-presencia, en donde lo que se “sabe” o se “vive”, o se “experimenta”, es precisamente la realidad (soy amigo(a) del Amigo Cristo), el dato real presente (Cristo es mi Amigo) de esa unidad-comunión-presencia.

No queremos vivir aquí o allá, una reflexión, una conceptualización, una racionalización del dato religioso vivido. Todo esto muy conscientes del sentido de indeterminación y de inefabilidad de la experiencia “mística”

Tampoco concederemos mayor relieve a un complejo de fenómenos más o menos espectaculares, que a veces, en otras latitudes religiosas se designan como “paramísticos” (éxtasis, visiones, levitaciones, estigmas, etc), aunque se puedan relacionar de varias maneras con la experiencia mística auténtica y sean sustancial y verdaderamente exteriores a ella.

¿Qué es entonces, la mística carmelitana?
La mística carmelitana es experiencia de vida en y con la Trinidad. Es salida o pérdida de sí mismo(a), conocimiento de sí e irrupción de la experiencia de las gracias naturales y sobrenaturales de Dios, para amar mejor y servir mejor, desde la unión con Dios.

Es la fe, amistad, amor, relación y compromiso en movimiento. Es vida, es mirada amorosa o contemplativa, es un despertar para amar relacionándose con la Trinidad, la comunidad, el grupo y los(as) hermanos(as)

Es oración como “trato de amistad” para amar, servir y vivir en y desde la Trinidad. Es descubrir nuestra interior intimidad donde se hace presente la Palabra, el Verbo, para escucharle y que nos escuche, para mirarle y que nos mire, para contemplarle y que nos contemple, en “la música callada” de nuestros sentidos, pulsiones, apetitos y apegos, dentro de “la soledad sonora” de su silencio amoroso. Es “mirar con amor al Presente en mí” (Maximiliano Herráiz), y servirle con y por amor. Es revivir y recrear la experiencia con Dios. Personalizarla.

Características: La mística carmelitana posee unos rasgos peculiares:

a) Surge de la amistad: Amistad humanamente humana a lo divino. El Amigo (Trinidad) que ama al amigo orante; y éste que quiere amar al Amigo (Trinidad) y a los “amigos del Amigo”

b) Es dinámica: Es búsqueda de Dios y entrega de éste hasta el encuentro supremo; es una invasión progresiva de la gracia, de la misericordia y del amor de un Amigo presente en la persona humana; es una interiorización-profundización paulatina en los misterios cristianos; nacimiento de deseos genuinos de entrega mutua, es un florecer de virtudes y actitudes sanas.

c) Se basa en la Palabra: Escucha y degustación de los mejores textos bíblicos, preferentemente del Evangelio, profundizando en la misma vida y oración de Jesús. Aprendiendo del Maestro.

d) Es cristocéntrica: Ante la Palabra surge un encuentro de amistad, un diálogo, una relación, una conversación de amigos, una mirada contemplativa ante el Jesús del Evangelio y de la Gloria, ante el Amigo que nunca falla (V 22, 6-7)

e) Es apostólica y eclesial: El ejercicio y la vida de amistad orante desembocan necesariamente en la preocupación por los intereses de los dos amigos: la Iglesia, el mundo, los otros orantes, los “amigos del Amigo”, el compromiso, el sufrimiento del hermano.

f) Apta para el grupo y la comunidad: Busca el compartir: en amistad humana y cristiana, en un clima de interrelación orante entre amigos, con actitudes evangélicas de sencillez, espontaneidad, receptividad, humildad, desasimiento de apegos y cosas materiales, alegría, apertura.

g) Tiende a la contemplación: Es decir, no tanto a la búsqueda de las manifestaciones y fenómenos místicos, sino que busca la normalidad de una oración de mirada amorosa de la Trinidad presente. Tiende a la interiorización y al silencio interior, a la adoración del misterio y a la experiencia de su encuentro.

h) Es un camino: Camino que se hace también al andar. Nace y crece dentro de un proyecto de vida cristiana en marcha, tanto para el orante como para el grupo y la comunidad. Es una marcha o una subida o un adentramiento en el propio castillo interior. Enraizados en una vivencia de fe, esperanza y amor para el servicio y para el compromiso, con momentos de alegres luces y también con momentos de verdaderas noches oscuras.

Texto Carmelitano: Camino 26, 1-3.
Santa Teresa de Jesús

26,1. Ahora, pues, tornemos a nuestra oración vocal para que se rece de manera que, sin entendernos, nos lo dé Dios todo junto, y para -como he dicho- rezar como es razón.

La examinación de la conciencia y decir la confesión y santiguaros, ya se sabe ha de ser lo primero. Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compañía. Pues ¿qué mejor que la del mismo maestro que enseñó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Señor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseñando. Y creedme, mientras pudiereis no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos y El ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis -como dicen- echar de vos; no os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle heis en todas partes: ¿pensáis que es poco un tal amigo al lado?

2. ¡Oh hermanas, las que no podéis tener mucho discurso del entendimiento ni podéis tener el pensamiento sin divertiros!, ¡acostumbraos, acostumbraos! Mirad que sé yo que podéis hacer esto, porque pasé muchos años por este trabajo de no poder sosegar el pensamiento en una cosa, y eslo muy grande. Mas sé que no nos deja el Señor tan desiertos, que si llegamos con humildad a pedírselo, no nos acompañe. Y si en un año no pudiéremos salir con ello, sea en más. No nos duela el tiempo en cosa que tan bien se gasta. ¿Quién va tras nosotros? Digo que esto, que puede acostumbrarse a ello, y trabajar andar cabe este verdadero Maestro.

3. No os pido ahora que penséis en El ni que saquéis muchos conceptos ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis. Pues ¿quién os quita volver los ojos del alma, aunque sea de presto si no podéis más, a este Señor? Pues podéis mirar cosas muy feas, ¿y no podréis mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar? Pues nunca, hijas, quita vuestro Esposo los ojos de vosotras. Haos sufrido mil cosas feas y abominaciones contra El y no ha bastado para que os deje de mirar, ¿y es mucho que, quitados los ojos de estas cosas exteriores, le miréis algunas veces a El? Mirad que no está aguardando otra cosa, como dice a la esposa, sino que le miremos. Como le quisiereis, le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no quedará por diligencia suya.”
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Recordemos que ésta E. M. C., va dirigida a quienes desean estar bajo las mociones del Espíritu Santo de Dios y aprender a orar más desde la meditación y la contemplación. Con y desde la espiritualidad y experiencia oracional de los santos del Carmelo que son maestros del encuentro con Dios.

La experiencia de la Mística Carmelitana es “abierta” a quienes busquen recrear desde Dios, su “yo consciente” para trascender los límites de la experiencia ordinaria y del conocimiento normal en “moradas” de oración que nos lleven a comprometernos más con nuestros prójimos, grupo, comunidad, familia e iglesia.

Descubriremos juntos (aunque la vivencia sea personal), los diversos “grados de aprovechamiento espiritual” y buscaremos acercarnos a los misterios de Dios por experiencias oracionales de “desenvolvimiento espiritual” que hagan más corto el camino y obtener la gracia de la contemplación.

Por eso es necesario tener en cuenta, como dice San Juan de la Cruz que, “Dios está como el sol sobre las almas para comunicarse a ellas”1 y que los que tienen la responsabilidad de acompañar espiritualmente a otros(as), “adviertan estos tales que guían las almas y consideren que el principal agente y guía y movedor de las almas en este negocio no son ellos, sino el Espíritu Santo” 2

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Texto Bíblico para reflexionar y orar:


Jesús y Nicodemo: Juan 3, 1-22

1 Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo: 2 “Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él.” 3 Jesús le contestó: “En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba.” 4 Nicodemo le dijo: “¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?”

5 Jesús le contestó: “En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6 Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. 7 No te extrañes de que te haya dicho: “Necesitan nacer de nuevo desde arriba”. 8 El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.”

9 Nicodemo volvió a preguntarle: “¿Cómo puede ser eso?” 10 Respondió Jesús: “Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas? 11 En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12 Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo? 13 Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre. 14 Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, 15 y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna.

16 ¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. 18 Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios. 19 Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. 21 Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios”.

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[1] Llama 3, 47.

[2] Llama 3, 46; Cfr., Llama 1,36 y 2, 34 desde donde habla del apetito natural.

Ponente: Iván Mora Pernía, publicado en http://misticacarmelitana.blogspot.com/2007/11/mstica-cristiana-y-mstica-carmelitana.html?m=1

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