“Hermandad y Recreación” estilos de relacionamiento de Santa Teresa para los cristianos del Siglo XXI

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Santa Teresa en su obra “El Libro de las Fundaciones” nos habla de un estilo de “Hermandad y Recreación” que deben tener las comunidades descalzas, esta enseñanza se aplica a todo cristiano en su actual realidad temporal:

“El estilo de hermandad y recreación que tenemos juntas” (13, 5)

La hermandad teresiana es una convivencia auténtica que nace de la hondura del ser. Por eso, Teresa se ha preocupado sobremanera, desde los comienzos, de ese «entender quién somos» (5, 15) para poder vivir en relación. Solo desde ahí se accede a la convivencia verdadera. Zubiri explicaba que «convivir es estar vitalmente presente a los demás, esto es, formar cuerpo con ellos»14. Vitalmente presente a los demás solo se puede estar desde este autoconocimiento y desde aquel «ser señores de nosotros mismos» que acabamos de ver. Además, como también decía Zubiri, la relación con los otros nos constituye, no es un añadido.

La lectura del proceso fundacional muestra la fraternidad teresiana en el núcleo del carisma, porque el amor es la característica fundamental. El amor es lo que calibra la vida del grupo. Un amor efectivo, del que dice en Moradas: «si entendieseis lo que nos importa esta virtud, no traeríais otro estudio»16. Y que es, también, afecto verdadero: «en dejar las hijas y hermanas mías cuando me iba de una parte a otra, yo os digo que, como yo las amo tanto, que no ha sido la más pequeña cruz, en especial cuando pensaba que no las había de tornar a ver y veía su gran sentimiento […] que es grande el amor que me tienen y bien se ve en muchas cosas ser verdadero» (27, 18).

La larga experiencia, probando distintos remedios y maneras de hacer, le lleva a decir: «Sepa que no soy la que solía en gobernar: todo va con amor; no sé si lo hace que no me hacen por qué, o haber entendido que se remedia así mejor»17. Y menos de un año antes de morir, escribe: «ahora creo que no hay mejor remedio que el amor».

El estilo de hermandad queda definido por una pedagogía del amor, llevada por quien se siente madre y hermana, junto con otras dos notas, la naturalidad y la responsabilidad.

Como marco externo, pero no accidental, está el dato de ser comunidades reducidas en número. También esto configura el estilo de hermandad y para Teresa era irrenunciable, después de su primera experiencia de vida religiosa. Sabe que siendo pocas, es posible tener «más conformidad y quietud» (2, 1), es viable una mayor igualdad, comunión y trasparencia para vivir el ideal compartido. Como intuía una aspirante: «por ser pocas y pobres podían servir mejor al Señor» (11, 1)…

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Respecto a la naturalidad

…La naturalidad, la sencillez en el trato, el hacer las cosas con verdad, sin artificio, sin doblez, sin ningún tipo de ostentación. Todo el modo de vivir, el estilo de hermandad teresiano está atravesado por esta cualidad. Teresa no soporta la afectación en ningún estrato de la vida. «Soy amiga de llaneza», confiesa. Y cuando dice de sus hermanas que «a quien trataba con ellas siempre se edificaban» (1, 6), algo dice de esto.

Es una cualidad humana, sin duda, pero para Teresa es también índice claro de verdadera espiritualidad, que no puede caer fuera de lo humano, ni por encima. Lo espiritual nunca es un añadido, discurre a través de lo humano.

Teresa quiere llaneza en todo. En el trato entre las hermanas: tras una situación difícil de comunidad, recomienda, para quitar resabios: «si en algo anduvieron engañadas, informando no con la llaneza y caridad que Dios nos obliga, que se miren mucho para tornar a tratar con claridad y verdad»28. Y en el trato con los demás, sea en cosas espirituales –«suceda lo que sucediere» (2, 2) porque «gran alivio es andar con claridad»29– sea en cosas materiales.

He preferido llamar naturalidad a lo que podríamos llamar con palabras teresianas «estilo de ermitaños». En Camino había dicho: «el estilo que pretendemos llevar es no sólo de ser monjas, sino ermitañas, y así se desasen de todo lo criado» (13, 6). Ponía la clave de ese estilo en la libertad. Ahora lo retoma diciendo: «también mirar en la manera del hablar, que vaya con simplicidad y llaneza y religión, que lleve más estilo de ermitaños y gente retirada que no ir tomando vocablos de novedades y melindres, creo que lo llaman, que se usan en el mundo, que siempre hay novedades».

De ese estilo forma parte su pasión por la verdad, que también imprime carácter al estilo de hermandad: su costumbre es «tratar con toda llaneza» (30, 1), y dice: «en cosa muy poco importante yo no trataría mentira por ninguna de la tierra» (Pról. 3).

A María de san José, le escribe: «no se alargue tanto en encarecer; porque, aunque con sus rodeos le parece que no miente, es muy fuera de perfección tal estilo con quien no es razón sino hablar claro». Y a Gracián: «querría anduviese con mucho cuidado en esto [de decir toda verdad en todo]… no entiendo habrá entera perfección adonde hay este descuido».

La naturalidad se convierte en vehículo de «este camino del espíritu» (5, 1) que Teresa va asentando en sus casas.

Extracto de:

“La manera de vivir” (F 2, 3)
Carisma teresiano y estilo de hermandad a través de las Fundaciones – Actas del III Congreso Internacional Teresiano (Monte Carmelo. Universidad de la Mística-CITeS, Burgos, 2013).

Gema Juan Herranz, Monasterio de Carmelitas Descalzas Puzol-Valencia

Texto completo en:

https://delaruecaalapluma.files.wordpress.com/2013/06/gema-juan-congreso-20122.pdf

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Las parroquias, centros de espiritualidad a la luz de Teresa de Jesús

La riqueza de santa Teresa, maestra de oración, llega a orientar el desarrollo de nuestras parroquias, desde el encuentro personal con Dios amigo y el encuentro con los hermanos en la comunidad.

Teresa, de la rueca a la pluma

parroquia

Las parroquias, centros de espiritualidad

Paqui Sellés (ocd, Puzol)
Revista Cresol, n.127 (julio-agosto 2015)

“Las gentes del  mundo no tienen tanta necesidad de lo que tenemos sino de lo que somos” (Edith Stein). Inicio esta reflexión con las palabras de una carmelita descalza, Teresa Benedicta de la Cruz, quien aprendió de su maestra y fundadora, Teresa de Jesús, a valorar la persona humana en su condición y dignidad de imagen de Dios. Sirvan, pues, las palabras de Edith para adentrarnos en el tema propuesto: las parroquias, llamadas a ser centros de espiritualidad. Tema que apunta a la esencia del ser humano y es una de las prioridades que la Iglesia actual está demandando; constituye, por tanto, toda una interpelación para los pastores y agentes de evangelización.

Aunque Santa Teresa de Jesús no vive en su tiempo la organización eclesial tal como la tenemos actualmente, tras el Concilio Vaticano II…

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